Cata de Amarante

A contramano de los “fixeros”, Cata reconoce que el freno es una parte fundamental de la bici. Se ríe un poco de los purismos.

Cuando tenía 17 años empezó a moverse en bici por la ciudad y hoy con 23, después de trabajar en varios talleres, es mecánica en Amarante desde que abrió sus puertas. Esta bicicletería-café es un proyecto familiar. Para ella, hacer mecánica es algo más que solucionar problemas: es establecer un vínculo con el cliente, con esa bicicleta particular de cada cliente. Cata reparte sus días entre los típicos problemas de un taller y la carrera de Diseño Gráfico en la Facultad de Buenos Aires.

“La estética fixie me voló la cabeza”, confiesa. Livianas, ágiles, con geometrías más agresivas, estas bicicletas son austeras en su funcionamiento: livianas, sin cambios, fácil mantenimiento y con una pedaleada constante. Bicicletas de pista, pensadas para el velódromo pero volcadas ahora al asfalto de la ciudad.

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